Vulnerabilidad

Por María Mercedes Gutiérrez-Moyano Zimmerman

En todas las consultas de psicología clínica nos encontramos a diario, con personas que acuden por su malestar emocional, por su inestabilidad emocional, ya sea por su propia iniciativa o bien remitidos por algún facultativo, médico de familia, psiquiatra, neurólogo, etc. Buscan ayuda, quieren solucionar los problemas que les trae a consulta.

Cuando las personas sufren trastornos emocionales, tales como ansiedad, depresión, baja autoestima, inseguridad, problemas de pareja, etc. suelen llegar a consulta con un alto grado de vulnerabilidad. Se encuentran mal, anímicamente, emocionalmente, e incluso físicamente.

Mientras cursábamos nuestros estudios universitarios, no nos advirtieron a los futuros psicólogos clínicos del padecimiento, de las penurias, con las que íbamos a encontrarnos día a día. No nos prepararon para eso. Sólo estudiamos asignaturas como personalidad, patología, pero no nos entrenaron, o yo no lo recuerdo, para estar atentos al escuchar, y ver lo que está detrás de esos problemas, sus dueños, nuestros pacientes. Queremos ser buenos clínicos, y así cada día, nos enfrentamos cara a cara, de frente, con llantos, lágrimas, quejas, dudas, silencios, y con demandas de ayuda que acompañan al sufrimiento que padecen los posibles pacientes.

Una de los primeros pasos que deben seguir los profesionales, y no sólo los psicólogos, sino también los médicos de familia, al ser ellos, los primeros receptores de los pacientes es un proceso de escucha activa. Tenemos que escuchar, no solamente oír, hay que hacer caso del problema o problemas por el que recurren a nosotros. Quieren estar mejor, quieren soluciones, quieren tener una vida plena. Tenemos que ser curiosos, tener la iniciativa de ser detectives, buscar la información que necesitamos para poder valorar el problema o problemas con los que vamos a tener que trabajar.

Para ello, hay que ir con calma, lentamente, escuchar, preguntar y recabar la información pertinente para poder tener una idea del problema al que nos enfrentamos. Tenemos que ir al ritmo del paciente y conducir de un modo fluido la información, que a menudo, es muy abundante y amplia para poder tener una visión global de como eso está perjudicando, afectando, disminuyendo su calidad de vida.

Además, los terapeutas tienen que tener una gran aptitud, la empatía, o el saber ponerse en el lugar de esa persona, pensar cómo le está afectando, que estrategias ha empleado hasta ahora, qué recursos tiene, qué acompañamientos vitales tiene a su alrededor para poder ayudarle. Esto es vital para ser un buen terapeuta, no tengo que identificarme con esa persona, sino saber cómo me sentiría yo, si me sucediera lo mismo que a ella. ¿Habría hecho lo mismo?

Ahora, tenemos que demostrar que hemos escuchado y devolver la información, tratamos de que la persona se sienta cómoda, que crea que le hemos comprendido, sin juzgar sin menospreciar el problema del que se trate, ya sea uno o varios, cualquier problema que le reste bienestar en su vida.
Nuestro trabajo consiste en establecer unos objetivos para poder comenzar la terapia y conseguir enseñarles estrategias, técnicas de modificación de conducta que se conviertan en herramientas para poder controlar sus problemas. Intentar que se sientan más fuertes, más poderosos, son ellos los que van a manejar sus problemas y no a la inversa.

Todo esto, no es una tarea fácil, requiere tiempo, esfuerzo, voluntad, una implicación de las dos partes, terapeuta y paciente. Tener una relación cordial, amena, sincera, cariñosa y objetiva, ser cómplices, cada uno tiene que poner de su parte, el terapeuta, se ocupará de dirigir el proceso, de enseñar, de explicar, es decir, de ser un maestro y el paciente, tendrá que tener la motivación suficiente y confiar en su terapeuta para llevar a cabo las técnicas que se le enseñen en terapia.

Algunas veces, escuchamos tanto sufrimiento, que los profesionales tenemos que tratar de desconectar, y cuanto más inexpertos, más ardua es la tarea. Cuántas veces, me acordé de algunos pacientes con intentos de autolisis, de dolores crónicos, etc. y qué mal se pasa. Pero tenemos que seguir día a día, seguir escuchando, intentando conseguir nuestros objetivos. Los terapeutas no somos magos, somos profesionales que intentamos conseguir el bienestar emocional de nuestros pacientes, queremos conseguir mejoras en su vida profesional, laboral, familiar y cuando lo conseguimos nos sentimos bien, estamos orgullosos del trabajo bien hecho, de la alianza y cooperación por ambas partes. Hemos conseguido nuestro objetivo, ayudar a la recuperación, al bienestar.

Por ello, como dijo Kazdin, hace muchos años, en un congreso en Granada, tras finalizar su disertación, dijo algo así como, desconecten del sufrimiento con el que trabajan a diario y vayan a darse un buen masaje, se lo merecen.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Es dice:

    Excelente Kika!

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