Se me olvidó que me olvidé

Se me olvidó que me olvidé de priorizarme, dejando de ser el protagonista principal de mi historia vital.

Vivir es un trabajo, es mi trabajo personal y diario.

En la infancia me educaron y me enseñaron a ser responsable. Así que, como adulto, tengo un compromiso conmigo mismo. Conductas tan sencillas como tener una alimentación adecuada, hábitos de sueño saludables, organizar mi vida, mi familia, mi trabajo, mi ocio y mis contactos sociales me benefician y conllevan rutinas que favorecen mi estado anímico.

En lugar de vivir el futuro, conviene vivir el presente.

En vez de tener unas expectativas, a menudo irreales, ayuda saber que ser realista, implica conocer mis limitaciones y las de los demás.

En lugar de tener metas muy altas, conviene tener objetivos específicos y sencillos que pueda lograr y me animen a seguir.

En vez de emplear un vocabulario inexacto, inadecuado, conviene  recordar y usar palabras útiles y productivas como  motivación, responsabilidad, esfuerzo, tesón, tenacidad.

En vez de pretender estar siempre emocionalmente estable, conviene asumir que existen dificultades, adversidades (enfermedad, muerte, etc.) que interfieren en mi bienestar.

En vez de quejarme y echar las culpas de mis problemas a otras personas, conviene buscar soluciones para hacer frente a los obstáculos que pueden surgir.

En vez de la autocrítica destructiva,  centrándome e incrementando mis defectos y errores,  ser mi mejor amigo-a ayuda a valorar las conductas que realizo a diario, aunque parezcan nimias.

En vez de aislarme,  fomentar la relación con amigos, conocidos,  familiares me proporciona apoyo, cariño, diversión.

En lugar de guardar silencio,  conviene comunicarme. El lenguaje es una herramienta beneficiosa para solucionar “posibles” conflictos o desavenencias.

En lugar de centrarme exclusivamente en el trabajo, un rato diario de ocio me distrae y libera de algunas tensiones diarias.

En lugar de preocuparme y agobiarme con pensamientos atemorizantes,  conviene tratar de identificarlos y saber que en la mayoría de los casos las ideas no son hechos, tan solo hipótesis.

No hay recetas mágicas.  Me corresponde trabajar por mi bienestar emocional. Si tengo una actitud más proactiva, vivo el presente, confío en sí mismo, intento ser realista, controlo mis pensamientos, probablemente estaré más a gusto conmigo mismo y con mi vida.

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