Un monstruo ha venido a visitarnos (I)

Publicado por Mercedes Gutiérrez-Moyano Zimmermann

He sido y aún soy una gran cinéfila, aunque las películas de terror no se hallan entre mis favoritas.
Prefería aquellas películas mudas de Buster Keaton, Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy que mi padre proyectaba en la pared de la sala de estar en mis fiestas de cumpleaños para mí y mis amigas.
Qué buenos momentos y qué buenas películas sábados y domingos. Comedia, drama, aventuras, acción.
Mi padre disfrutaba viendo películas de Boris Karloff, Béla Lugosi, Lon Chaney como Frankestein, Drácula, King-Kong. Mi madre calcetaba o cosía, con lo cual, apenas prestaba atención a la pantalla. En algunas escenas, me tapaba los ojos y me agazapaba pasando momentos pavorosos. Aun así, seguía viendo el film. A no ser que me falle la memoria, el bien primaba sobre el mal, y a pesar del miedo, uno podía irse a la cama con una dosis de tranquilidad. Ya no existía el monstruo.
Pero, quizás una de las películas que permanece en mi recuerdo es una de Bette Davis asomada desde aquella impresionante escalera de caracol. Su presencia en lo alto era imponente y estaba casi petrificada. En el descanso, apenas era capaz de moverme del sillón para realizar una inminente y breve visita al cuarto de baño. Era el mal personificado y casi nadie le podía parar. Mala, maléfica, perversa. Qué gran actriz. La mejor subiendo y bajando escaleras.
Ahora creo entender las razones por las que no me gusta el terror. Ni las películas antiguas, ni las más actuales sobre virus y epidemias. Ni siquiera el guionista más ingenioso podría haber redactado un guión tan espeluznante que cause a la audiencia una incertidumbre tal y como la estamos viviendo. Pero en este caso, la realidad supera la ficción. Antes, los monstruos eran animales, alienígenas y el héroe o heroína conseguía derrotarlos.
Pero qué decir de un enemigo tan potente como el Covid-19, un virus muy contagioso que causa infecciones respiratorias y para el que no existe aún un fármaco efectivo.
Sabíamos que el virus comenzó en China para ensombrecer el final de 2019. Lo que creíamos que ocurría fuera de nuestras fronteras se asentó de forma virulenta, brusca y nos pilló desprevenidos. Pero desde el sábado catorce de marzo el gobierno tomó medidas contundentes para intentar reducir la propagación del virus tales como teletrabajo y el aislamiento para reducir el contacto con personas de nuestro entorno.
¿Alguien se hubiera imaginado que nuestro domicilio es nuestro seguro de vida ante tal infame enemigo? Queremos y deseamos salud, seguridad, bienestar para nosotros y los nuestros. Este confinamiento obligatorio, indeseado, es el mejor medio para proteger y salvar vidas. Aunque sea costoso renunciar a nuestra libertad de acción, de movimientos, es conveniente que respetemos y obedezcamos a las autoridades sanitarias.
Todavía no sabemos la duración de esta película, para la que nadie ha comprado entradas. Nuestra salud está en juego. Confío en que la responsabilidad y el sentido común de muchas personas contribuirán a salir lo antes posible de esta indeseada situación. Así conseguiremos vencer a este monstruo. Y escogeremos una comedia o una película de acción para olvidar estos desafortunados días.

 

Deja un comentario